Adolfo Masyebra experimenta con Edurne y Santi Millán en la semifinal

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Un ritual muy especial. Si pudiéramos percibir la alegría, la tristeza, el placer o el dolor de otra persona. Es algo que me ha obsesionado desde pequeño. Quiero mostraros el fruto de mis investigaciones más personales. Creo que nunca se ha visto nada igual, desde luego voy a dar que hablar» adelantaba Adolfo Masyebra en la entrevista previa antes de enfrentarse a la semifinal.

Sentado en un sillón, Adolfo rememora aquel momento en el que le notificaron que su padre había fallecido. Adolfo solo tenía 11 años cuando le dijeron «que jamás volvería a ver a esa persona» pero «tenía al lado a una de las mujeres más fuertes que todos conocemos, mi madre» que le abrazo y le dijo «ojalá poder sentir tu dolor para que tú no sintieras nada y por un instante dejé de sentir dolor». Es el tema sobre el que tratará su actuación, de la transmisión del dolor.

Para su número ha solicitado la colaboración de dos voluntarios del jurado. A uno de ellos le perforará con una aguja hipodérmica en situaciones controladas, con total seguridad. El segundo recibirá el dolor asociado a ese pinchazo.

Adolfo elegía a Santi Millán que incrédulo se acercaba a él y acababa cediendo siempre y cuando pudiese elegir a la otra persona. Risto que sabía sería él el elegido, movía insistentemente el dedo índice negándolo y acompañando ese movimiento con la cabeza. Elegía a Edurne porque «es la persona más valiente que puede soportar el dolor que a me van a infligir a mí» pero ella era reticente «sabes que me va a hacer daño». Finalmente aceptaba el desafío aunque reconocía no saber «lo que hago aquí».

Con el mentalista de pie y entre Santi Millán y Edurne, Masyebra les pedía que acompasasen la respiración para hacer un efecto espejo. Adolfo preguntaba a ambos si podían tragar salida y recibía la respuesta positiva de ambos. Volvía a pedirle que lo intentará a Edurne pero esta vez con Santi situando un dedo bajo su propia barbilla imposibilitando la acción a la cantante madrileña demostrando el control brutal de la mente sobre el cuerpo.

Adolfo se acercaba a Edurne y con su mano por encima de la frente de Edurne comenzaba a hipnotizarla hasta dejarla en «un estado de relajación más profundo jamás alcanzado». Repetía la misma acción con Santi.

Con ambos inertes pero en pie, Adolfo sacaba una aguja de su envoltorio para posteriormente atravesar la piel de Santi Millán, que había reconocido tener tripanofobia, con una aguja. Perforación que Edurne describía como «intenso», dolor que valoraría con un 7 sobre 10. Adolfo cubría la herida, una vez retirada la aguja, con una tirita y otra a Edurne que simboliza «el beso de una madre en la herida de un niño».

«He notado el pinchazo. Me imagino que no me estaba tocando a mí nada» valoraba Edurne y Santi pedía dejarlo así para siempre «que todo lo malo que sienta, le pase a ella y todo el placer que ella sienta me venga para mí».

Santi Millán le daba la palabra a Risto pero él le pedía que valorase «cómo lo has vivido desde dentro». «No he visto nada pero no he visto ni sentido» se sinceraba Santi.

«Me asusta un poquito. No me gusta que me duerman. Me da respeto. El inconsciente nos engaña, todo está en la cabeza. Solo puedo felicitarte porque has trabajado mucho el número y tiene una base sólida» valoraba Paz.

«Te quiero mucho y he sufrido viendo como te perforaban. A Risto también le quiero mucho. He bebido vinagre que sabía a piña, a Edurne le has perforado la mano y a él como es escéptico, sácale a él para que viva en primera persona. Sino siempre vas a dudar y es mejor que lo vivas en primera persona» invitaba a Adolfo a que experimentase con Risto en la final.

Adolfo Masyebra experimenta con Edurne y Santi Millán en la semifinal